Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles
Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, laicos zapotecos y fiscales en San Francisco Cajonos, fueron martirizados en 1700 por defender la fe cristiana frente a los cultos idólatras.
Sus contemporáneos
Figuras y referencias situadas alrededor del periodo normalizado de esta ficha.
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Biografía
La vida familiar y el compromiso cívico y religioso de Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles en San Francisco Cajonos.
Los beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, conocidos como los Mártires de Cajonos, son dos laicos indígenas de la etnia zapoteca, nacidos alrededor de 1660 en San Francisco Cajonos, en la Sierra Norte del estado de Oaxaca, México. Juan Bautista estaba casado con Josefa de la Cruz, con quien tuvo una hija llamada Rosa. Jacinto de los Ángeles estaba casado con Petrona de los Ángeles, y la pareja tenía dos hijos, Juan y Nicolasa. Jacinto provenía además de un linaje de importantes jefes tribales. Ambos llevaban una vida familiar ejemplar y estaban profundamente integrados en su comunidad local, donde gozaban de gran estima por su integridad personal y cívica. Desde su infancia, se comprometieron activamente al servicio de la Iglesia local, primero como acólitos y luego como sacristanes. Paralelamente, ascendieron en los cargos civiles tradicionales de su pueblo (topil, juez, consejero, presidente municipal y alcalde constitucional). Este doble reconocimiento cívico y religioso los llevó a asumir el cargo de «fiscales», un papel clave introducido por el Tercer Concilio Provincial Mexicano de 1585 para asistir a los sacerdotes en la preservación de la fe y de las costumbres públicas.
Vida y obra
Su papel como fiscales, el descubrimiento de un ritual clandestino y su arresto para proteger a los misioneros.
En calidad de fiscales, Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles colaboraban estrechamente con los misioneros dominicos, en particular con los padres Gaspar de los Reyes y Alonso de Vargas, encargados de la parroquia de San Francisco Cajonos. Su misión principal consistía en velar por la pureza de la fe católica y prevenir las desviaciones morales o los retornos clandestinos a las prácticas idólatras precolombinas, aún frecuentes en esta región recientemente evangelizada. Su compromiso tomó un giro dramático en la noche del 14 de septiembre de 1700. Mientras realizaban su vigilancia, los dos fiscales descubrieron que un grupo de habitantes de San Francisco Cajonos y de los pueblos vecinos se había reunido clandestinamente en la casa de un indígena llamado José Flores para celebrar allí un ritual de idolatría ancestral. Fieles a su deber, informaron inmediatamente a los padres dominicos. Acompañados por los misioneros y el capitán español Antonio Rodríguez Pinelo, se dirigieron al lugar, interrumpieron la ceremonia y confiscaron las ofrendas rituales para ponerlas a buen recaudo en el convento dominico. Al día siguiente, 15 de septiembre, la ira creció entre los partidarios de los cultos ancestrales. Una multitud numerosa de zapotecos, armada con lanzas, hachas y machetes, asaltó el convento de los dominicos, exigiendo la restitución de las ofrendas y la entrega de los dos fiscales. Ante la negativa de los religiosos y frente a la amenaza de ver el convento incendiado y a todos sus ocupantes masacrados, el capitán Rodríguez Pinelo tomó la decisión de entregar a Juan Bautista y a Jacinto de los Ángeles, a pesar de la oposición de los padres dominicos. Haciendo gala de un valor heroico, los dos hombres aceptaron entregarse para salvar la vida de los misioneros. Se prepararon para la muerte confesándose y recibiendo la santa Comunión. Fue en ese momento cuando Juan Bautista pronunció estas palabras de fe: «Vamos a morir por la ley de Dios; pues tengo a su Divina Majestad, no temo nada y no necesito armas».
Camino hacia la santidad
Su martirio heroico en el monte Xagacía y el traslado de sus reliquias a la catedral de Oaxaca.
Después de ser entregados a la multitud enfurecida, Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles fueron sometidos inmediatamente a violentos suplicios. Fueron flagelados públicamente en la plaza del pueblo. Mientras sufrían estas torturas, se dirigieron a los sacerdotes que los observaban desde las ventanas del convento diciendo: «Padres, encomiéndennos a Dios». El 16 de septiembre de 1700, sus verdugos los llevaron hacia el pueblo vecino de San Pedro, y luego a las laderas del monte Xagacía (antiguamente llamado «monte de las Hojas»). A lo largo del camino, se les ofreció salvar sus vidas si aceptaban renegar de la fe cristiana y regresar al culto de los ídolos. Ellos se negaron categóricamente, respondiendo con firmeza: «Puesto que hemos profesado el bautismo, seguiremos siempre la verdadera religión». Al llegar a la cima del monte Xagacía, fueron precipitados desde lo alto del acantilado y luego rematados a machetazos. Sus verdugos les abrieron el pecho para arrancarles el corazón y arrojarlo a los perros (quienes, según la tradición, se negaron a tocarlo). Algunos de los ejecutores incluso bebieron su sangre en señal de odio y para apropiarse de su fuerza. Sus cuerpos fueron arrojados a una fosa en ese mismo monte, que desde entonces fue rebautizado por los fieles como «Monte Fiscal Santos». Sus restos mortales fueron recuperados más tarde y conservados en la iglesia de Villa Alta. En 1889, por iniciativa de Mons. Eulogio Gillow y Zavalza, arzobispo de Oaxaca, las reliquias de los mártires fueron trasladadas solemnemente a la catedral de Oaxaca, donde siguen siendo veneradas hoy en día. Mons. Gillow relanzó activamente el estudio histórico de su martirio publicando la obra Apuntes históricos en 1889, sentando así las bases de la reanudación moderna de su causa de beatificación.
Beatificación y canonización
La beatificación solemne por el papa Juan Pablo II en 2002 en Ciudad de México.
La causa de beatificación de los «Mártires de Cajonos», aunque retrasada por los trastornos políticos y las persecuciones religiosas que conoció México en los siglos XIX y XX, fue oficialmente relanzada a finales de los años 1980. El 1 de agosto de 2002, durante su quinta y última visita pastoral a México, el papa Juan Pablo II presidió la ceremonia solemne de beatificación de Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en Ciudad de México. En su homilía, el Santo Padre subrayó la grandeza de su testimonio: «Los beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles son fruto de la santidad de la primera evangelización entre los indígenas zapotecos». Recordó también que su sacrificio es un ejemplo brillante de fidelidad a las promesas del bautismo, mostrando que nada, ni siquiera la vida terrenal, debe anteponerse al compromiso con Cristo.
Espiritualidad y legado
Su modelo de fe laical, de inculturación y su veneración actual en México.
La espiritualidad de los beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles se basa en una fidelidad absoluta a los compromisos del bautismo y en el servicio desinteresado a la comunidad. Como laicos, esposos y padres de familia, demuestran que la santidad no está reservada solo a los religiosos, sino que se cumple en los deberes de la vida cotidiana y cívica. Su figura es también un modelo de inculturación de la fe. Como subrayó Juan Pablo II, no tuvieron que rechazar su cultura zapoteca para convertirse en perfectos cristianos; al contrario, ejercieron funciones cívicas tradicionales mientras se dejaban guiar por la luz del Evangelio. Aunque su denuncia de los rituales clandestinos suscitó tensiones históricas en el seno de su comunidad —algunos los consideraron durante mucho tiempo como traidores a sus tradiciones ancestrales—, la Iglesia ve en ellos a defensores heroicos de la verdad y de la libertad espiritual traída por Cristo. Hoy, los Mártires de Cajonos son profundamente venerados en el estado de Oaxaca y en todo México. El monte de su martirio sigue siendo un lugar de peregrinación importante, y su fiesta litúrgica se celebra el 15 de septiembre (según el Martirologio romano) o el 18 de septiembre (fiesta local en México).
Preguntas frecuentes sobre Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles
¿Quién fue Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles?
Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles, laicos zapotecos y fiscales en San Francisco Cajonos, fueron martirizados en 1700 por defender la fe cristiana frente a los cultos idólatras.
¿Cómo murió Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles?
Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles sufrió el martirio por la fe cristiana (17.º siglo).
¿Qué santos fueron contemporáneos de Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles?
Entre sus contemporáneos figuran: María de Jesús López Rivas, Mariana de Jesús de Paredes, Beata Mariana de Jesús (de Paredes y Flores) y San Francisco de Sales (Obispo y Príncipe de Ginebra).
¿Cuáles son los otros nombres de Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles?
Otras formas del nombre: Martyrs de Cajonos y Mártires de Cajonos.
¿Quiénes son los allegados de Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles?
Allegados de Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles: Josefa de la Cruz (esposa de Juan Bautista), Rosa (hija de Juan Bautista), Petrona de los Ángeles (esposa de Jacinto de los Ángeles), Juan (hijo de Jacinto de los Ángeles) y Nicolasa (hija de Jacinto de los Ángeles).
Anexos y entidades vinculadas
Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.
Acontecimientos clave
- Época / muerte: 1700
- Beatificación en 2002 por Juan Pablo II
Citas
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Vamos a morir por la ley de Dios; puesto que tengo a su Divina Majestad, no temo nada y no necesito armas
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Padres, encomiéndennos a Dios
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Puesto que hemos profesado el bautismo, seguiremos siempre la verdadera religión
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Los beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles son fruto de la santidad de la primera evangelización entre los indígenas zapotecos
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