Grupo de nueve religiosos —ocho Hermanos lasalianos y un sacerdote pasionista— martirizados en Turón (Asturias) el 9 de octubre de 1934, canonizados por Juan Pablo II en 1999.
Sus contemporáneos
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Biografía
Los Mártires de Turón forman un grupo de nueve religiosos —ocho Hermanos de las Escuelas Cristianas (lasalianos) y un sacerdote pasionista—, docentes o capellanes en Turón, Asturias, ejecutados en octubre de 1934.
Los Mártires de Turón designan a un grupo de nueve religiosos españoles reunidos en la pequeña ciudad minera de Turón, en el corazón de Asturias, en el noroeste de España. Ocho de ellos eran Hermanos de las Escuelas Cristianas, el instituto docente fundado por san Juan Bautista de La Salle, a cargo del colegio Nuestra Señora de Covadonga. El noveno era un sacerdote pasionista, Inocencio de la Inmaculada (Manuel Canoura Arnau), nacido el 10 de marzo de 1887 en la provincia de Lugo (Galicia), quien había acudido ese día a confesar a los niños. La comunidad lasaliana estaba dirigida desde 1933 por el Hermano Cirilo Bertrán, en el siglo José Sanz Tejedor, nacido el 20 de marzo de 1888 en Lerma, en la provincia de Burgos. Los demás Hermanos, jóvenes en su mayoría, eran originarios de Castilla, León, Cantabria y Argentina. Todos llevaban la vida ordinaria de educadores de la juventud en una región minera marcada por las tensiones sociales y la agitación revolucionaria de los años previos a la guerra civil. Su existencia cotidiana, hecha de enseñanza, catequesis y oración, fue brutalmente interrumpida por la violencia de la revolución asturiana de octubre de 1934.
Vida y obra
Detenidos el 5 de octubre de 1934 durante la insurrección de Asturias, los nueve religiosos fueron encarcelados durante cuatro días y luego fusilados en el cementerio de Turón el 9 de octubre de 1934.
En octubre de 1934 estalla la revolución de Asturias, insurrección obrera que desemboca en la efímera proclamación de una «República socialista» en Oviedo. La cuenca minera de Turón, foco de militancia, se convierte en escenario de violencias anticlericales: los religiosos docentes son percibidos allí como símbolos del orden social combatido. El 5 de octubre de 1934, unos milicianos irrumpen en el colegio lasaliano y detienen a los ocho Hermanos, así como al Padre Inocencio, presente para escuchar las confesiones de los niños. Los nueve hombres son encerrados durante cuatro días, principalmente en una Casa del Pueblo. En la noche del 8 al 9 de octubre, el comité revolucionario decide su condena a muerte. En la madrugada del 9 de octubre de 1934, son conducidos al cementerio de la localidad, fusilados sin juicio y luego enterrados en una fosa común. La Iglesia ha reconocido en ellos a mártires asesinados por odio a la fe, condenados por su estado religioso y su misión de educadores cristianos. El Hermano Cirilo Bertrán, director de la comunidad, y sus compañeros permanecieron fieles a su vocación hasta el final, haciendo de su muerte, según la expresión recogida por las fuentes eclesiales, la última lección de su vida.
Camino hacia la santidad
Reconocidos como mártires que murieron por fidelidad a su consagración religiosa y a su misión de educadores, los nueve de Turón encarnan un testimonio dado en medio de la persecución.
El camino hacia la santidad de los Mártires de Turón se inscribe por completo en la lógica del martirio cristiano: no un recorrido de largos años con reputación de santidad, sino un testimonio supremo dado en pocos días de prueba. Hermanos docentes y sacerdote confesor, fueron capturados en el ejercicio mismo de su vocación, al servicio de la juventud, incluidos los hijos de algunos de sus propios verdugos. Las fuentes eclesiales subrayan que aceptaron la muerte sin renegar de su fe ni de su estado religioso, haciendo de su fidelidad a la consagración el motivo de su condena. Su santidad es, por tanto, reconocida como la de testigos (mártires) que, conforme a la tradición de la Iglesia, derramaron su sangre por odio a la fe. La diversidad de sus orígenes y de sus edades —desde el director cuarentón hasta los hermanos más jóvenes de unos veinte años— otorga a este grupo la figura de una comunidad entera ofrecida. Es esta muerte común, vivida en la oración y el abandono, la que fundó su reputación de mártires y condujo a la apertura de su causa.
Beatificación y canonización
Beatificados por Juan Pablo II el 29 de abril de 1990 y canonizados por él el 21 de noviembre de 1999, los Mártires de Turón son celebrados el 9 de octubre.
La causa de los nueve religiosos de Turón fue introducida en el siglo XX y reconoció su muerte como un martirio sufrido por odio a la fe. El papa Juan Pablo II los beatificó el 29 de abril de 1990, y luego los canonizó el 21 de noviembre de 1999 en la basílica vaticana. Su causa fue asociada a la del Hermano Jaime Hilario Barbal, lasaliano martirizado cerca de Tarragona en 1937, canonizado el mismo día que ellos; durante esta celebración del 21 de noviembre de 1999 fueron también proclamados santos, en causas distintas, Benito Menni y Tommaso da Cori. Los Mártires de Turón cuentan entre los primeros mártires de las persecuciones religiosas españolas de los años 1930 en ser elevados a los honores de los altares. Tratándose de mártires, su beatificación no requería el reconocimiento de un milagro, sino la autentificación del martirio; un milagro atribuido a su intercesión fue, en cambio, reconocido para la canonización, conforme al procedimiento. Su memoria litúrgica está fijada el 9 de octubre, día aniversario de su muerte.
Espiritualidad y herencia
Honrados por el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas y la Iglesia de España, los Mártires de Turón cuentan entre ellos a Héctor Valdivielso Sáez, primer santo nacido en Argentina.
Los Mártires de Turón ocupan un lugar importante en la memoria del Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas (lasalianos), que los venera como modelos de educadores cristianos fieles hasta la sangre a su vocación al servicio de la juventud. Entre ellos, el Hermano Benito de Jesús, en el siglo Héctor Valdivielso Sáez, nacido en Buenos Aires en 1910, es honrado como el primer santo nacido en Argentina, lo que confiere al grupo una irradiación particular en América Latina. Inscritos entre los primeros mártires canonizados de las persecuciones religiosas españolas del periodo de entreguerras, están igualmente asociados a la memoria más amplia de los mártires de este periodo. Su culto se manifiesta principalmente en las comunidades y establecimientos lasalianos, en Asturias y en Turón, lugar de su martirio, así como en la devoción de la Iglesia pasionista por el Padre Inocencio de la Inmaculada. Su fiesta, el 9 de octubre, es la ocasión de recordar el testimonio de una comunidad docente entregada por completo.
Iconografía
Signos y atributos
Preguntas frecuentes sobre Mártires de Turón (9)
¿Quién fue Mártires de Turón (9)?
Grupo de nueve religiosos —ocho Hermanos lasalianos y un sacerdote pasionista— martirizados en Turón (Asturias) el 9 de octubre de 1934, canonizados por Juan Pablo II en 1999.
¿Cómo se reconoce a Mártires de Turón (9) en el arte cristiano?
En la iconografía, Mártires de Turón (9) se reconoce por: palma del martirio.
¿Cómo murió Mártires de Turón (9)?
Mártires de Turón (9) sufrió el martirio por la fe cristiana (20.º siglo).
¿Qué santos fueron contemporáneos de Mártires de Turón (9)?
Entre sus contemporáneos figuran: Paulina del Corazón Agonizante de Jesús, Felipe de Jesús Munárriz y 50 compañeros, Mariano de Jesús Euse Hoyos y Teresa de Jesús de los Andes.
¿Cuáles son los otros nombres de Mártires de Turón (9)?
Otras formas del nombre: Mártires de Turón, Martyrs of Turón, Martiri di Turón y Cirilo Bertrán et huit compagnons.
Anexos y entidades vinculadas
Datos estructurados para la exploración: acontecimientos, milagros, citas, lugares, atributos, patronazgos y entidades importantes citadas en el texto.
Acontecimientos clave
- Época / muerte: 1934
- Canonización en 1999 por Juan Pablo II